Pensabas que los días grises nunca iban a acabar,
quién te iba a decir que la luz que buscabas la encontrarías en la noche.
Tu palpitar es un pájaro atrapado entre sus manos,
y el temblor de las tuyas el recuerdo de su abrazo.
Quién te iba a decir pequeña,
que el sol iba a salir tan fuerte esa noche que te ardería el corazón.
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